El auto familiar siempre fue uno de los pocos espacios de compartir, los traslados compensaban, en algo, lo que el dinero y la lucha diaria por obtenerlo, nos arrebataba como criaturas de entre cuatro y siete años. Compañía y mimos. Un día así, conté algo como esto: - Tuve un sueño anoche. - En serio y qué soñaste. - Soñé que estaba embarazada y tenía gemelos. El siguiente silencio me dio a entender la desaprobación de lo que mi inconsciente estimulado por las muñecas que adornaban las repisas de mi pieza habían construido para mí la noche anterior. Mi padre, que siempre fue de sermones, nunca de gritos y golpes, comenzó con uno de ellos. - Tú no debes pensar en eso, debes preocuparte de estudiar, no de tener hijos, si eres tan chica. - No, si tienes hijos, se te acaba la vida, tienes que estudiar, trabajar, conocer, viajar primero. Escuché. Recepcioné el mensaje que años más tarde sería repetido de forma incesante hasta por mí misma. Yo no te voy a cuidar hijos. Cabras de mierda,...
El tiempo pasa, de a poco te das cuenta
que ya no eres tan joven, te salieron canas, arrugas, una panza que a veces te
molesta, las piernas tienen celulitis y percibes la vida.
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Intensidades
He huido y me escondido. He ahogado las melancolías con el silencio. Con llantos que se pierden entre mi vientre y mi garganta. He deambulado tantos meses y años entre dolores que me vienen de los huesos. He mirado muchos ojos y he querido mentir y decir qué todo viene de los ojos, de miradas olvidadas. Del miedo que intenta abrazarme para arrastrarme a la quietud de las sábanas inertes. A la quietud de la nada. E intentado ocultarme. Desaparecer. Hacerme de nuevo lejos de mí . Lejos de los amores que han intentado consolarme con tantos mensajes. Renuncié a los gritos de auxilio. Debí nombrar las pesadillas, sabiendo exorcizarlas para no volver a evocarlas, o simplemente llorar y dejar que me abrazaran atravesada, llorarme por haber muerto en vida incluso antes de poder siquiera decir, no admitir que me desvanezco, que tengo los huesos rotos, que muchas veces me sorprendo mirando al vacío, mirando los buses y pensando dónde ir para encontrarme, dónde te has ido encerrada en esa escuel...
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